Por Josep María Martínez  -  El 31 ene, 2012 -  0 comentario(s)

No hay nada peor en la vida que no ser consciente de la realidad que a uno le rodea. Las nuevas tecnologías forman parte ya del día a día de muchos de los clientes que utilizan los servicios, productos o simpatizan con la filosofía de una marca. Uno de estos nuevos entornos en los que se mueven millones de personas son las redes sociales, y la introducción de las empresas en estas nuevas plataformas de comunicación ha sido forzada por la masiva aceptación de los verdaderos reyes de internet: Los fans.


Las grandes marcas se han dado cuenta del potencial de visualización, tráfico y redifusión que puede llegar a tener una buena página de empresa en Facebook gestionada por una persona experta y profesional en la gestión online de personas, o lo que ahora conocemos como un buen Community Manager.


Si nos centramos en Facebook, las páginas de empresa inundan nuestros muros a base de spam consentido: Promociones, enlaces trackeados, fotos, vídeos, concursos, etc. Esta es, por ahora, la cara más visible y comercial del plan de marketing online que están realizando la gran mayoría de las empresas, pero se olvidan de algo: Las marcas han cambiado el flyer de toda la vida en nuestro buzón, por el mensaje igual de invasivo en nuestro muro y, a mi entender, se están olvidando del auténtico significado de su presencia en el mundo 2.0: dotar a la comunicación entre marca y fans de un sentido bidireccional. Compartir y opinar es la base por la que se crearon las redes sociales y cuando una marca publica un post en su muro debe ser consciente de que los seguidores siempre pueden opinar en clave positiva, no responder, o destrozar toda las teorías del marketing tradicional y recibir un opinión negativa.

Cuando sucede esto, tenemos que estar preparados.  Esto significa tener un plan o, por lo menos, una serie de protocolos de actuación en materia preventiva de “¿cómo actuar si…?, ¿qué haremos si resulta que…? ¿cómo responderemos ante…?“. Antes de lanzarse al ruedo hay que establecer una serie de parámetros de conducta y actuación que reduzcan un posible impacto negativo en la imagen de una marca, y esto no significa tener que censurar las opiniones que no son positivas. Muchos administradores de páginas de Facebook (no confundir con Community Managers) modifican la configuración de privacidad de la fanpage para que los usuarios no puedan compartir contenido o no puedan publicar comentarios en el muro.

Esto no es un error.  Es un gran error.

Precisamente las redes sociales fueron creadas simplemente para compartir contenido de forma natural y el hecho de coartar esta posibilidad es contraproducente para la imagen corporativa de una empresa que actúa de forma antinatural y poco transparente delante de un cliente. ¿Te imaginas entrar en una tienda de ropa y no poder preguntar ni opinar sobre el producto que estás comprando? Una empresa que por norma no deja opinar a sus fans, está ocultando algo a sus clientes y tiene miedo a la realidad. El origen y el trasfondo de esta práctica de censura se basan en una más que una posible mala calidad del producto a vender o en una horrible gestión de la atención al cliente offline que rebota al muro de Facebook.  Estos dos casos suelen ser las quejas más reiteradas en los timelines de fanpages y menciones vía Twitter, y esto los saben las empresas que dudan de su propio producto o peor aún, que saben la realidad de su producto.  Una mala planificación offline siempre repercute en el online en forma de queja y ésta, bien reportada a tiempo, ha de llegar a manos del director de marketing, previo reporting del Community Manager y asesoramiento del Social Media Strategist, para poder así darle la vuelta e incorporarlas a las reuniones de seguimiento de los dichosos y eternos lunes por la mañana, como una aportación constructiva que pueda ofrecer valor añadido.

Otro de los motivos por los que se bloquean los comentarios es la pubertad del medio y la falta de culturalización generacional de las marcas en estos nuevos canales. Sinceramente, si una empresa no está mentalizada para afrontar una crítica y transformarla en algo positivo, será mejor que no decida adentrarse en este mundo. Esto es como la vida real, las personas que no reconocen su realidad y no aceptan sus defectos son las que lo peor lo pasan… Las empresas han de dejar de ser marcas y ser personas, responder como personas, reconocer los errores, ensalzar las buenas prácticas, tratar a los clientes como humanos y olvidarse de las cifras, RT’s, mentions, followers, seguidores, CTR, fans… y pasar a preguntar, tomar la iniciativa, dejar de hacer anuncios de 140 caracteres, preocuparse, atender, entender… en definitiva, ser humanos.

¿Caminaremos hacia una red más humana? Ya lo veremos… tú decides.

 

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