Por Victoria Herrera  -  El 30 mar, 2012 -  0 comentario(s)

No hace muchos días, me encontré con un programa de televisión en el que la empleada de una empresa contaba con total naturalidad que en sus oficinas las redes sociales estaban capadas. Y digo “con total naturalidad” porque le parecía lo más lógico, no daba la impresión de haberse planteado jamás qué pasaría si esa política empresarial cambiara.

Leyendo cuatro cosas sobre el tema, me he dado cuenta de que no se trata de un caso aislado, todo lo contrario. Muchas empresas, más de las que hubiera imaginado, recurren a la misma medida de inhabilitar el acceso a las redes sociales desde los equipos informáticos del lugar de trabajo, siendo éste un recurso para mejorar la productividad del empleado. O eso afirman. En concreto, se trata de un 76% de las empresas españolas, según el estudio “Global IT Security Risks Study” de Kaspersky Lab, ¿no os parece mucho?

De este dato, aterrizo en artículos como el de “Wasted Time At Work Costing Companies Billions”, en los que se afirma que  los trabajadores (esta vez, americanos) admiten desperdiciar unas 2 horas diarias de su jornada laboral de media (¡sin incluir el tiempo dedicado a la comida!); y cuya primera distracción en un 44,7% de los casos es el uso de Internet para temas personales.

Datos como estos pueden hacernos entender que ese 76% de las empresas españolas opten por esa actitud restrictiva, pero como amiga de las redes sociales, creo que hay que mirar un poco más allá y acabar con esa asociación entre el acceso al social media y la baja productividad laboral.

¿Existen formas y/o herramientas para compatibilizar redes sociales con productividad? Sí. Algunos ejemplos:

  • Pomodoro:

Se trata de un método de administración de tiempo por bloques: se hacen bloques de 25 minutos dedicados exclusivamente a trabajar sin ningún tipo de interrupción y con un alto nivel de concentración. Esos 25 minutos irán seguidos de 5 minutos de descanso; y cada 4 bloques (es decir, cada 2 horas), se toma un break más prolongado.

En esos minutos de desconexión para mejorar la productividad, ¿por qué no destinarlos a echarle un vistazo, por ejemplo, a tu timeline?

  • Gestores de tareas:

Ya analizamos sus bondades en el post “Gestión de tareas: El hueco que Google dejó”, y las hay incluso compatibles con dispositivos móviles, como puede ser el caso de Evernote.
Si nos ayudamos de gestores de tareas, y sobretodo si les damos el uso debido, quizá puedan ayudar a perder ese temor a que las redes sociales resten tiempo de nuestras tareas laborales.

  • Software para la gestión del tiempo:

Ejemplos de ello pueden ser RescueTime, líder en EEUU, o WorkMeter, nacido en Cataluña, y cuyo principal objetivo es el de ayudar a las empresas y sus empleados a ser conscientes de cómo gestionan su tiempo en el trabajo e incentivando valores como la transparencia, la autosuficiencia y el teletrabajo. Olvidémonos del lado oscuro del “control” de los empleados, todo lo contrario.

Su filosofía es la de que el trabajador deber ser consciente de cuan productivo es con tal de aumentar su motivación, y que no es necesario bloquear ningún tipo de servicio (incluyendo redes sociales) si se dispone de una herramienta que mida de forma transparente y objetiva la actividad laboral.

Más allá de estas opciones, se utilicen o no en cada empresa, tampoco podemos olvidar que las redes sociales pueden ser una herramienta de trabajo de valor en cualquier sector profesional: desde conseguir información, hasta hacer contactos profesionales; y pasando por localizar potenciales clientes, fortalecer la relación con proveedores, mejorar la fluidez en los procesos de comunicación entre compañeros… hasta el alivio de estrés laboral en pequeñas franjas temporales.

Olvidémonos del concepto de que las redes sociales sirven sólo para perder el tiempo, y démonos cuenta de que prohibir su uso puede estar desmotivando a un equipo y consiguiendo falta de implicación con los valores de una empresa.

Probablemente lo mejor sería centrarse en mejorar la eficiencia de los empleados, y no gastar tiempo y energía en tomar medidas drásticas que minen la moral de un equipo. ¿No?

 

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